Uno de los requisitos esenciales para el crecimiento espiritual y la transformación personal profunda es hacer las paces con el dolor. El dolor es una parte inherente de la vida. Sin dolor no hay indicativos de cambio de rumbo o de avance. El dolor es algo natural, lo que no es natural es el sufrimiento que es un producto de la mente que lo quiere controlar y poseerlo todo. Ningún proceso evolutivo o de crecimiento pueden producirse sin que haya cambios o fluctuaciones, y los periodos de cambio no siempre son agradables. A menudo, salir de nuestra zona de confort lo percibimos como una experiencia dolorosa. El cambio y la incertidumbre exigen poner en duda lo que nos es conocido y atrevernos a cuestionar nuestras necesidades habituales de seguridad y control y avanzar a territorios desconocidos hasta ese momento.

Familiarizarte con este dolor forma parte de tu crecimiento. Aunque es posible que no te gusten las sensaciones de alteración interna, si quieres saber de dónde vienen debes ser capaz de serenarte por dentro y afrontarlas. Cuando puedas afrontar tú caos interior te darás cuenta de que hay una capa de dolor profundamente arraigada en el núcleo de tu corazón. Este dolor es tan incómodo y tan aterrador para el yo individual que te pasas la vida evitándolo. Toda tu personalidad –el ego– está constituida por formas de de pensar y de de actuar que fueron desarrolladas para evitar ese dolor.

Como la evitación del dolor te impide explorar la parte de tu ser que está más allá de ese nivel, el verdadero crecimiento se produce cuando finalmente decides lidiar con el dolor. El dolor interno siempre está allí, por debajo, en el inconsciente, oculto por capas de pensamientos y emociones. Queremos mantener todo bajo control y cuando el mundo no satisface nuestras expectativas sentimos un dolor interno –psicológico– que nos altera.

Eckhart Tolle en su libro Un mundo nuevo ahora, expone como la psique humana está construida en torno a la evitación de este dolor y, por tanto, su fundamento es el miedo al dolor. Si haces algo para evitar el dolor, el dolor dirigirá tu vida. Tus miedos afectarán a tus pensamientos y sentimientos y tu sensación de control será una mera ilusión. Tienes este núcleo de dolor en lo profundo de tu corazón. Por eso sientes tantos altibajos a lo largo del día.  Tus rasgos de personalidad y tus pautas de conducta están estructurados en torno a la evitación de este profundo dolor. Cada vez que haces algo para evitar el dolor, ese algo se convierte en un detonador de dolor que estás evitando.

Llegarás a ver que cualquier pauta de conducta basada en la evitación del dolor se convierte en una puerta para el dolor mismo. El ego se identifica con lo que se tiene, pero la satisfacción que se obtiene es relativamente efímera y de corta duración produciendo insatisfacción y dolor. Si tus acciones están vinculadas a la evitación del dolor, sentirás esa presión en tu corazón.

Cuando mires dentro y empieces a apropiarte de este proceso verás que vuelves a las dos opciones fundamentales. Una opción es dejar el dolor dentro y continuar luchando con el mundo exterior. La otra opción es decidir que no quieres pasarte la vida evitando el dolor interno; prefieres librarte de él. Poca gente se atreve a dirigir el proceso hacia dentro de esta manera. Pero en la elección está nuestro verdadero poder. La mayoría ni siquiera se dan cuenta de que van por ahí con enormes maletas de dolor interno que aún no han resuelto. Muchas personas buscan vías de de desarrollo psicológico y espiritual evitando sentir el dolor. Pero la realidad es que no hay fórmulas light de desarrollo si uno no se enfrenta al dolor que envuelve su corazón.  ¿Quieres realmente llevar eso dentro y tener que manipular el mundo para evitar sentirlo? ¿Cómo sería tu vida si no estuviera dirigida por ese dolor? Serías libre. Podrías caminar por este mundo completamente libre, disfrutando con plenitud y sintiéndote cómodo con cualquier cosa que te ocurra.

Para vivir con este nivel de libertad tienes que aprender a no tener miedo del dolor y de la presión interna. Mientras tengas miedo del dolor, intentarás protegerte de él. El miedo te inducirá a hacerlo. Si quieres ser libre, considera el dolor interno como un cambio temporal de tu flujo energético. No hay razón para temer esta experiencia. No debes tener miedo alguno a que algo vaya mal. No puedes pasarte la vida evitando cosas que no están ocurriendo en la realidad porque si lo haces acabarás viendo únicamente todo lo que podría ir mal. ¿Tienes idea de todas las cosas que pueden causarte dolor interno? Si quieres crecer y sentirte libre de explorar la existencia, no puedes pasarte la vida evitando la miríada de cosas que podrían herir tu corazón.

Tienes que mirar dentro de ti y tomar la decisión de que, a partir de ahora, el dolor no será un problema. Simplemente será una cosa más de las que hay en el universo. Alguien puede decirte o hacerte algo que te haga reaccionar e incendie tu corazón, pero después se pasa. Es una experiencia temporal. La mayoría de la gente apenas puede imaginarse lo que sería estar en paz con el caos interior. Pero si no aprendes a estar cómodo con el dolor dedicarás tu vida a evitarlo. La inseguridad que puedas sentir es sólo una sensación. Es una cosa del universo que está pasando por tu sistema en un momento puntual. No le des más importancia y diviértete con ella, pero no le tengas miedo. No puede dañarte a menos que tú lo permitas. El célebre psiquiatra suizo Carl Gustav Jung decía que todo lo que solucionemos en nuestro interior no se manifestará en el exterior.

Cuando sientas dolor, simplemente contémplalo como energía. Empieza a ver estas experiencias internas como una energía que atraviesa tu corazón y pasa delante del ojo de tu conciencia. Después relájate. Haz lo contrario de contraerte y cerrarte. Relájate y suelta. Mantente abierto y receptivo en tu corazón hasta que estés realmente cara a cara en el lugar exacto donde duele. Debes estar dispuesto a mantenerte presente justo en el lugar del dolor, y después relajarte, se puede ir todavía más al fondo. Se trata de un crecimiento y una transformación muy profundos. Pero si sientes resistencia a hacerlo hará que el dolor parezca muy poderoso. A medida que te relajes y sientas la resistencia, el corazón querrá retraerse, cerrarse, protegerse y defenderse. Sigue relajándote y suelta, deja sitio para que el dolor te atraviese. Sólo es energía. Simplemente contémplalo como energía y suéltalo.

Si te cierras en torno al dolor e impides que te atraviese, se quedará en ti. Por eso nuestra tendencia a resistirnos es tan contraproducente. Si sueltas y dejas que la energía te atraviese, entonces se irá. Si te relajas cuando la energía surja dentro de tu corazón y te atreves a afrontarla, pasará. Cada vez que te relajas y sueltas, una parte del dolor se va para siempre. Sin embargo, cada vez que te resistes y te cierras, acumulas el dolor dentro. Entonces estás obligado a usar la psique para crear una capa de distancia entre quien experimenta el dolor y el dolor mismo. Eso es todo el ruido que hay dentro de tu mente: un intento de evitar el dolor almacenado.

Si quieres ser libre, primero tienes que aceptar que hay dolor en tu corazón. Tú lo has almacenado allí. Y has hecho todo lo que se te ha ocurrido para mantenerlo allí, en lo más profundo, para no volver a sentirlo. Hay una tremenda alegría, belleza, amor y paz dentro de ti. Pero están al otro lado del dolor. Al otro lado del dolor está el éxtasis. Al otro lado está la libertad. Tu verdadera grandeza se esconde al otro lado de esa capa de dolor. Tienes que estar dispuesto a aceptar el dolor para pasar al otro lado. Simplemente acepta que está allí y que vas a sentirlo.

JOSÉ LUIS LÓPEZ DELGADO