El miedo crea límites que nos separan de los demás

Nuestro ego, que aun no ha transcendido el viejo instinto de supervivencia, se ha ido estructurando en base al miedo. Ha creado una extensa variedad de mecanismos de defensa: represión, proyección, negación, etc viviendo en un mundo de estrés continuo, robotizado y en continua alerta. El ego se alimenta de «racionalidad», «control», «límites» y «juicios» en vez de armonía, paz y sabiduría.

El miedo a ser heridos es lo que nos impide experimentar unas relaciones realmente auténticas. El miedo a ser pobres es el que nos impide encontrar el trabajo de nuestros sueños. El miedo a ser insignificantes es lo que nos impide ofrecer nuestros dones y compartirlos con el mundo. Irónicamente, resulta que al dejarnos llevar por nuestros miedos creamos la misma realidad que estamos tratando de evitar a toda costa. ¿Te has preguntado alguna vez por qué las personas que más temen a los perros son a menudo las atacadas con más frecuencia?

 

El sistema de navegación del alma

Nuestra alma -nuestra sabiduría innata- tiene un sistema de navegación incorporado que está diseñado para colocarnos en el lugar y el momento adecuados para tener las experiencias adecuadas en nuestro viaje por la vida. Nuestra brújula interna siempre esta intentando sintonizarnos con el Tao (con la Totalidad). El desafío es que no siempre prestamos la suficiente atención a este sistema de navegación del alma, por lo que nos perdemos sus valiosas indicaciones.

En gran parte de nuestra vida dejamos escapar muchas oportunidades. A veces ni siquiera las detectamos. Quizá estamos demasiado preocupados con nuestra carrera profesional, demasiado enfocados en nosotros mismos, demasiado ocupados con un comportamiento adictivo o simplemente muy estresados. La cuestión es que, por el motivo que sea, no somos capaces de ver lo que está delante de nuestros ojos. También puede ocurrir que reconozcamos una oportunidad pero elijamos huir de ella, escogemos la opción «fácil» en lugar de tomar el camino que parece más desafiante. A veces, simplemente nos rendimos en lugar de estar a la altura de las circunstancias, afrontar nuestros miedos y conectarnos a algo más grande en nuestro interior. No nos atrevemos a dar un paso hacia adelante en nuestro desarrollo.

Desde hace milenios diferentes filosofías como el budismo o el taoismo nos ayudan a asumir la responsabilidad de cada una de las decisiones que tomamos a lo largo de la vida, como también nos capacita para ver claramente dónde estamos para no dejar escapar una oportunidad o con qué estamos distrayéndonos.

 

Negarse a ver

Si elegimos no ver, sea cual sea el dolor o la decepción que experimentemos como resultado, será responsabilidad nuestra. No podemos limitarnos a mirar a través de los lentes de nuestros apegos y rechazos. Tenemos que mantener nuestros ojos bien abiertos para ver el paisaje completo. Tenemos que expresarnos y hacer preguntas para tener todos los datos. Tenemos que aceptar lo que hay realmente ahí, no sólo lo que nosotros queremos ver. Es más, una vez lo entendemos, debemos comprometernos a verlo todo por completo. Necesitamos preguntarnos: «Ahora que puedo ver el cuadro completo, ¿estoy preparado para aceptarlo?». Y si no podemos decir que estamos plenamente preparados para involucrarnos totalmente, entonces debemos decidir no involucrarnos en absoluto y ser honestos con nosotros mismos. Esto es algo que supone cierto esfuerzo. Esto es coraje y significa asumir la responsabilidad de uno mismo y de lo que se experimenta.

Actualmente estamos enfrentándonos a los efectos de las buenas intenciones que se plantaron hace muchos años. Los Estados Unidos -aunque obviamente no es el único país- es un claro ejemplo del síndrome de las buenas intenciones, ya que su patrón y su modus operandi es el de superhéroe que ayuda al resto del mundo. Este patrón, por muy noble que pueda parecer, ha creado multitud de problemas una y otra vez. Las mismas naciones a las que intentan ayudar, sufren aún mayores problemas, como Vietnam, Camboya, Irak o Afganistán.

Cuando miramos las cosas con los ojos bien abiertos, dejamos de desear la vida de los demás; en su lugar, apreciamos las oportunidades únicas que nuestros desafíos nos ofrecen para alcanzar nuestro destino, superar nuestras creencias limitantes y ser un ejemplo a imitar y no a imponer. Nuestra brújula interna interactuará con la de los demás a nuestro alrededor.

Los seres humanos estamos apenas en el primer escalón de la escala evolutiva, pues todavía no hemos resuelto ni siquiera los problemas más básicos tales como el hambre en el mundo. De hecho, los logros de la humanidad hasta ahora, resultan más espectaculares por haberse alcanzado casi ciegamente, por tanteo. El resultado es una deslumbrante y sofisticada tecnología que está devastado el planeta. Las soluciones verdaderas han tenido siempre un sello de simplicidad acorde con la naturaleza. La ley básica del universo es la economía. El universo no desperdicia ni una sola partícula básica, todo sirve para un propósito y se ajusta en un continuo equilibrio, no ocurren acontecimientos ajenos a él. Si traspasamos nuestros miedos podremos experimentar que todo es un flujo constante de armonía, que todo es Tao.

JOSÉ LUIS LÓPEZ DELGADO

 

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